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LA SIERRA MAZATECA

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En este lugar, la gente saluda diciendo Nda li y lo traduce como “hola”, pero según mi M. Hugo no es un saludo, sino una reverencia que literalmente significa “Buena luz”. Aunque se use por protocolo, sin reparar en lo dicho, igual me parece una invocación importante viniendo de un pueblo con un enorme poder en su palabra.

Veo mi relación con Huautla en tres sentidos: mis proyecciones para ir, la experiencia que me dio y su energía propia, los cuales en esta temporada giran en torno a la comunicación. De eso trata este post, pero abre un montón de temas para irte contando en adelante.

Lo primero, pues, fue mi intención. Yo me fui a viajar en hongos, para profundizar mi proceso sicológico y aprender un poquito de medicina tradicional. Así, sin pretensiones chamánicas ni la inocencia mesiánica que me llevó al desierto. Me proyecté un sitio apacible para poder conversar conmigo y con la sabiduría de sus sanadores, aunque resulta poco atractiva como ciudad.

Lo es, desde cerca del año 1,000 d.C.; centro del señorío mazateco de la parte alta, que a diferencia de los pueblos de la sierra baja se pudo resguardar mejor ante los conquistadores (chichimecas, españoles e industriales). El término mazateco los relaciona con el venado; a sí mismos se llaman Ha shuta enima -gente de palabra humilde que trabaja el monte-; y Huautla significa “Lugar de las águilas”, arquetipos que de alguna manera moldean su carácter y se manifiestan en sus costumbres.

Mi experiencia, sin duda, también tuvo este influjo. Ya te iré contando cómo descubrí que no es un lugar nada apacible, de mi contacto con el espíritu guardián del monte, del recelo al moderno colonialismo del turista hippie y, en particular, sobre mi M. Aurora, curandera centenaria que, sin entendernos en el idioma, me enseñó más que un poquito sobre su medicina y el trabajo con los honguitos.

Te contaré acerca de malos entendidos que me complicaron la vivienda y otros buenos que me dieron regalos para aligerar mi vida. Hubo dos romances y diversos encuentros con extranjeros, cristianos, un ex satanista, sanadoras e indigentes, cuyas fronteras culturales y del lenguaje se hacen eco en un verano que pasé de mochilero en Europa (viaje Espejo de esta Temporada).

Su historia y arquetipos alimentan la energía propia de la zona, y, según yo, otorgan a su pueblo un peculiar poder de comunicación. Su idioma es tonal -las palabras significan algo diferente según cómo se pronuncian- y debido a sus variantes, ciertas cosas no se entienden de un cerro a otro. Quizá en parte por eso, desarrollaron códigos de silbidos para conversar a través de las cañadas.

Hice intentos vagos por aprenderlo (el mazateco, no los chiflidos), al revisar libros de primaria y tomar cuatro clases a cambio de otras de inglés; pero acepté que mi propósito no era profundizar en la tradición sino en mi manera de asimilarla, y preferí pagar por hora a quienes me ayudaron a traducir.

En muchas conversaciones, percibí cómo integran la magia y el mito a su visión religiosa y urbana, porque les encanta hablar de la vida en su tierra… y de los demás. Son curiosos sobre temas personales y el chisme de pueblo chico, alcanza un nivel tan elevado como la ciudad. En verdad se creen lo que se dice de los demás y dos veces preguntaron por mi esposa, sólo porque me vieron platicar en la calle con distintas chicas locales.

Cuando vi trabajar a una chjota chjine -persona de sabiduría- o curandera (conocí pocos hombres), el diagnóstico del daño siempre incluyó un mal aire, palabras de mala fe o la envidia expresada por alguien. Además, todas enfatizaron que no dijera nada sobre sus artes, porque podrían ser usadas en su contra, lo cual sí es común en el gremio.

La exigencia de ser discreto reflejó mi tendencia a la comunicación imprudente. De manera similar, cada elemento de esa energía de Huautla hizo eco en mis procesos y me lleva a imaginar en su gente de palabra humilde una poderosa resistencia al invasor, que su mirada de águila se da vuelo por la curiosidad del venado, y que en la voz -o el silbido-, saben proyectar su intención a través de las montañas.

Se me ocurre también, que podrían despedirse diciendo Nda en'n para promover la “Buena palabra, hablar bien”. Yo, para hacerlo al escribir, uso desde hace tiempo el término “Salud” al cerrar un texto y ahora, cuando me pongo espirituoso, acompaño esa invocación deseando para quien me lee…

¡Salud y Luz!

Sunrise over Mountains
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Curador editorial: Alex Ayala - Diseño y programación: Daniel Botvinik Dbcom - Ilustración: Alejandro Gutierrez "Choco"

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