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MAESTRE NDI XITJO

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El espíritu en los hongos no es de este mundo. En sí, el reino fungi es medio alienígena ¿No? Sus visiones influyeron la cosmogonía humana desde el paleolítico hasta la psicodelia moderna, a pesar de la creencia de que te vuelven loco. Son mi Maestro personal entre las demás esencias en las plantas, un poder emanado del origen mismo y una ventana a otros planos de consciencia.

Al probarlos en San Cristóbal comprendí lo de “todos estamos conectados”, frase que siempre me evoca el susurro de un hippie con ojos lacios. Fue una experiencia de conocimiento noético: La revelación de mi vínculo con el entorno, mis amigos, los insectos y el oxígeno brotando del pasto anegado, con todo lo que implicaba la vida y mis temores fatalistas sobre mamá. En esa certidumbre y complementariedad, encontré una paz impensable.

También conocí el horror de algunos al enfrentar sus visiones. En esos días hice mi primera visita a Huautla y a la célebre doña Julieta del Consejo de 13 Abuelas Indígenas. Una chica del grupo vio a la Muerte, la abuelita ocupó el resto de la noche para calmarla y luego supimos que la joven trabajaba en la morgue; o sea que no estaba enloqueciendo, sino sólo proyectando su inconsciente.

Los conceptos de Carlos Castaneda explican un poco la dicotomía de este espíritu. Él le llama Humito y un aliado, porque se usa para obtener ayuda, éxtasis y la capacidad de Ver el mundo a un nivel energético… Tipo el código de la Matrix. Es el poder más noble, puro y constante, con efectos benéficos como la estabilidad emocional tras liberar algún miedo; aunque no puede verse, se distingue como cualidad de los sentidos, y para conocerlo, más que un ritual, se requiere fortaleza de corazón.

Todo es cierto. Y esa fuerza sirve para sobrellevar su profunda limpieza psíquica. Lo comprobé en otro viaje con el más vívido regreso a la infancia, a la voz y lecciones de mis padres, a mis juegos y mundos imaginarios, de los cuales volvía exhausto del trance con el temor y deseo por subir de nuevo. El honguito trabaja fuerte y revela miedos ocultos, sin embargo, es cuando más sana.

Por eso opino que, con las plantas, no existe el mal viaje. Los hay rudos, pero si se aterrizan bien, resultan los más transformadores y se evita detonar una locura latente. Siendo así, bien vale la pena un susto, ya sea por enfrentar a la Muerte o revivir el regaño de mis padres. Por eso afirmo también, que todo depende de la intención al viajar.

En el post sobre el espíritu en la mariguana, te cuento del regaño de un curandero Daime por no pedir permiso al fumarla, invocando la trinidad Sol-Tierra-estrellas; poco después, mi M. -Maestro- Mauricio sugirió cambiar las últimas por la Luna ya que “de las estrellas, son los honguitos”. La pura frase me detonó una comprensión más integral de su esencia y de cómo abre canales a una dimensión cósmica tanto como a la interna.

Finalmente, me sentí ligado a ellos y a su profundo trabajo de sanación, gracias a mi M. Hugo, con quien hice gran amistad asistiéndolo en sus ceremonias, como él hizo para María Sabina y otras curanderas. En estos trabajos nació la idea de irme a vivir a Huautla, donde los así llamados Niños santos o ndi xitjo -pequeños que brotan-, me mostraron su naturaleza dual e integradora.

Sé que el viaje implica, de inicio, una proyección personal; pero en verdad que el mensaje no partió de mí, cuando esta inteligencia me habló para mostrarse como el absoluto potencial creativo: Es el papel y el lápiz. Cuando se lo conté a mi M. Aurora, la abuelita sanadora confirmó la idea añadiendo “Es la luz blanca y la amarilla, la que alivia en la oscuridad”.

Es medicina del alma. Un poder que espanta y extasía. Yo le ubico un carácter masculino, de elemento aire que se nutre del relámpago y eleva el entendimiento, y uno femenino, de agua que hace fluir los humores corporales (mocos, babas, lágrimas…) y así, al drenar la emoción, sana el cuerpo. Por eso, supongo, la tradición mazateca los dosifica en pares.

Al hongo se le nombra con respeto en su nombre náhuatl: Teonanácatl -carne de dios-; pero yo le llamo a su espíritu mi Maestre Ndi xitjo por su grado superior de enseñanza, la integración de dualidades, el origen étnico que le percibo y la manera tan afín de mostrarme, como una ventana a las estrellas y a mis neuronas, la evidencia de los principios naturales y la dimensión de esa espora en mí del polvo original.

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Curador editorial: Alex Ayala - Diseño y programación: Daniel Botvinik Dbcom - Ilustración: Alejandro Gutierrez "Choco"

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