
LA LABOR DE SANAR


Cuando pensé estudiar psicología como segunda carrera, descubrí que más bien, necesitaba terapia. Darme cuenta de ello fue un punto sin regreso. Es típico: El ego se hace pendejo como puede, pero eso cuesta caro porque involucra la salud. Mi toma de consciencia, a partir de ese momento, dio inicio a un largo camino de sanación emocional.
El detonador fue un cuadro depresivo, también muy típico, que explotó al cambiar de giro profesional: Pasé de ser comunicador publicista a terapeuta alternativo. El salto me resultó casi anunciado porque la indefinición siempre fue parte de mi vida, por eso quise dedicarme a algo más profundo, sabiendo que mi actividad laboral no define quien soy. En este post te cuento lo general del proceso y en otros, algunos de mis experimentos para trabajar conmigo.
En el mismo periodo, perdí mi empleo en la radio y una relación de siete años que, según dijo ella, “no me atreví a terminar antes”. Me ocupé como freelance en publicidad, pero mi falta de contactos me llevó a subsistir de colaboraciones en revistas. También me mudé de departamento, donde me robaron el auto y di asilo a un buen amigo durante un periodo de oscuridad en su vida, que terminó por reflejar la mía.
Me compré la angustia de competir a mis cuarenta años en un mercado dominado por jóvenes y por eso pensé abrirme opciones con estudios psicológicos, pero no tenía dinero ni para talleres en línea. Visité la Universidad Gestalt, encontré sus terapias económicas, pensé que algo podría aprender al tomarlas y me animé a probar, justo porque me imaginaba en ridículo haciendo algunas de sus técnicas.
Tres luces me guiaron en este largo camino. La primera fue mi terapeuta Vanessa, quien me hizo entender la terapia como el trabajo personal de ubicar y asumir responsabilidades, así como la necesidad de tomar antidepresivos a pesar del terror aprendido por la historia de mi madre. La verdad, sí salí del hoyo gracias a los reivindicados chochos y a que pude cambiarlos por cápsulas triptófano.
Entonces apareció el amor de la bella Claus, para fortalecerme en la reconstrucción y acompañar trece años de este proceso. También comencé a retomar aspectos de mi educación mística familiar como las clases de esoterismo, la práctica de mi Master Reiki, un diplomado en Iridología y me inscribí en uno de masajes, el primero de muchos con mi querida M. (de Maestra) Almut, como la certificación en Biomagnetismo poco después.
La segunda luz para corregir el rumbo, fue mi amiga Nitzi. Apenas salía de la depre cuando murió mi mamá, y ella me invitó a trabajar el duelo a través de ceremonias tradicionales con peyote y las sesiones de integración que hacía el maestro de su grupo de estudios. Nunca me hice miembro y aún me reciben con afecto. En ese sentido de pertenencia comencé a curar mis heridas y al compartir la intensa experiencia humana de los demás, asumí dedicarme a la labor de sanar.
Ahí conocí a mi amigo y M. Hugo, un sanador de Huautla que guio al grupo en tres ceremonias con honguitos y a quien comencé a asistir en varias ocasiones. El reencuentro con esta medicina me ayudó a integrar lo trabajado y reveló aspectos básicos de mi oscuridad emocional. Como no hay marcha atrás, decidí profundizar y liberar mis cargas de un jalón, a través del clavado al inconsciente del que trata esta Temporada.
La tercera luz acompaña el camino y la encontré en mí, gracias a los Santitos. Confirmo en mi caso su eficacia contra la depresión con cierto efecto preventivo, y en otros posts te comparto cómo organicé mi trabajo de autosanación al consumirlos, para darle sentido al descubrimiento emocional, a su reflejo en mis relaciones, a resolver algo tan físico como fue un problema dental y otras cargas del ego con las que me sigo haciendo bien pendejo.
Estas letras, más terapéuticas que literarias, confrontan mis miedos en tres sentidos ¡Típico del blog!: Me conflictúa actualizarme en redes sociales, me vulnera exponer mis defectos y me compromete la disciplina de escribirlo. Pero no hay regreso. Sin duda el hacerlo sanará algo más en mi camino y definirá lo que soy mucho mejor que mi actividad laboral.

