
LO DIVINO



Este post marca el final de la Temporada en Huautla y del blog, con la buena intención de un tema elevado. No se trata de echar rollo teológico, tradicional ni evangelista, sino de contarte los viajes donde tuve contactos sensibles con entidades benefactoras, inteligencias que enseñan o manifestaciones de una divinidad imposible para mi inconsciente, por los cuales afirmo que los honguitos son como una ventana a las estrellas.
Esta idea se explica mejor en el post “Maestre Ndi xitjo”, al respecto de ser un espíritu de otro mundo y de revelar la conexión entre lo micro interno -neuronas- y lo macro externo -galaxias-. También he escrito que, a pesar de no tener evidencias de lo sobrenatural, mi mente lógica con educación mística se permitió abrir ciertos canales de percepción, para poder distinguir entre las proyecciones del inconsciente y el contacto con algo ajeno, como esas presencias sutiles que transmiten paquetes de enseñanza etérea o sistemas de pensamiento ancestral.
El tema de lo divino remite al post “La oscuridad” y a otro sobre los seres que la habitan, porque tanto las sombras como la luz en sus formas crean un balance entre lo negativo y lo positivo, y es cuando se confrontan donde hay algo por aprender. Al menos para mí, percibir su influjo en estos estados alterados de consciencia fue testimonio suficiente de su existir, más allá de la lógica o de los trucos de mi mente, lo cual me parece digno de contar.
Entre mi bitácora de viajes en Huautla, ciertos casos sí pudieron ser proyecciones mentales de elevada frecuencia. En el número 8 me acosté boca abajo en forma de cruz junto a la puerta de la terraza, comenzó a llover, salpicó mis plantas y sentí a Jesucristo en persona lavando mis pies. Durante un ejercicio de meditación activa en el número 15, de pronto me vi flotando entre bodegas de cristal con los registros de mis vidas pasadas y luego, en un estallido de poder me convertí en luz de voluntad.
En el viaje 44 me derretí en una masa burbujeante, reposé hasta endurecer, se me pegaron muchas placas de piedra que renovaron mi fuerza, y entonces salió una luz de mi cabeza y espalda rompiendo la coraza; parecía un ángel, pero era mi alma al desprenderse del horror y sentirse libre de explorar. Varias veces me visitaron viejitos, ancestros y curanderos de tradición; una de esas (Nº 35) fue en un cuarto azul al que hacían fila por entrar, y ya afuera para verme bailar con un machete, dibujando líneas en el suelo como muestra de saber “tallar la tierra y sacar chispa”.
Aparte de estas presencias terrenales, está el contacto con entidades maestras y sanadoras. Una me hizo una cirugía para bañar mis órganos en luz, otra bajó a confirmar mis dones y me dejó suspirando al retirarse, una esencia hindú me enseñó la magia renovadora en toda labor de limpieza y algunas más me hicieron postrar en profunda admiración. Una incluso, me pareció de origen angelical, y también se me presentó en dos ocasiones el Maestro espiritual de mi casa familiar.
Hice varios ejercicios de verbalización automática, pidiendo la guía de estas consciencias elevadas; tipo con la ouija, pero sin tabla y con grabadora. Era curioso dejar fluir sus palabras como de hermanos mayores, unas veces sin sentido y otras que resultaron predecir o ayudar en lo cotidiano. En el viaje 62 escuché voces en una armonía sublime y aparecí en un cuarto del cual emanaban con una luz verde de enorme poder sanador; al poco rato, algo empezó a alejarme de ahí, despacito y sin remedio, bajando una escalera de caracol con flores hasta sacarme del alucine sin dejar de oír el canto.
El cuarto y su escalera pudieron salir de mi inconsciente, mas no la inteligencia en esa luz. El contacto se percibe aún sin alucinar imágenes, mensajes o personajes. A pesar de siempre viajar a oscuras, de pronto se aparecía la luz en sus formas. Una de ellas pasó a través de mí (Nº 5), y me hizo sentir honrado por ser el canal de su descenso y dejarme invocarla para disipar mi ruido interior o ahuyentar seres oscuros. Vi la de color azul, liberando mi palabra y pensamiento con mayor ligereza, y también la vi en dorado, con una sensación protectora que fortaleció mi sentido de responsabilidad.
No digo más de las enseñanzas en cada contacto ni los nombres de sus Maestros, porque me gusta pensar que basta mencionarles para impregnar su energía en estas letras. Otras sustancias igual abren la percepción a diversos tipos de entidades (elementales, arlequines, palabras vivas, rostros en fractales), pero con la psilocibina aprendí a revisar mis sentimientos en su presencia: los seres de luz causan asombro, agradecimiento y reverencia, mientras que los oscuros sorprenden, provocan mal pensar y un miedo instintivo.
Por eso afirmo que los honguitos son una ventana a las estrellas y al vacío entre las mismas. Conectan nuestra vida con la del todo y la de los demás, tanto en sus sombras como en la luz, dentro de cada neurona y rumbo al polvo originario, y en ese aspecto, también la muerte es una entidad Maestra y divina (arcángel Azrael).
Con eso entre líneas, cierro un ciclo de trabajo agradeciendo a estos espíritus iluminados, por cualquier tipo de guía recibida para animarme a dejar en este blog una parte tan íntima de lo que tengo por decir.


“El camino de la psilocibina”
Técnica mixta
Asunción Alvarado


